LOS NIÑOS CON ALTA CAPACIDAD NECESITAN AYUDA, Y TE CUENTO POR QUÉ
En efecto, tener alta capacidad, el hecho de ser “más listo” y, a su vez,
necesitar ayuda para aprender y desarrollar competencias en el colegio, es
completamente coherente.
Las fortalezas que comparten los niños de alta capacidad no siempre se
entienden y valoran en la escuela tradicional. La mayoría de personas asocian
alta capacidad con alto rendimiento académico, porque se encuentran atrapadas
en los numerosos clichés y estereotipos que rodean las altas capacidades y, por
ello, consideran que son niños que sobresalen en todo o que son “prácticamente
perfectos”. Pero si nos acercamos a su pequeño mundo y a cómo su cerebro
procesa la información, podremos ver por qué todos estos clichés son falsos y
requieren profunda revisión.
En primer lugar, debemos cambiar la palabra “ayuda” por las palabras “atención”
y “comprensión”. El sistema de procesamiento de la información de los niños
de altas capacidades a menudo es diferente al que la escuela exige o premia, y
esta diferencia hace que muchas de sus respuestas no encajen con las esperada
por los maestros. Además, casi siempre su ritmo y forma de aprender está
alejada de la forma lineal y secuencial con que tradicionalmente se enseña en
la escuela. Comprender su naturaleza es fundamental para hacer valer sus
cualidades, para que ellos puedan expresarse y desarrollarse dentro del
aula.
Las fortalezas de los niños de altas capacidades son, en un sistema de
escuela tradicional, en ocasiones vistas como una debilidad. Veamos por qué
:
Asociación de ideas
La rápida asociación de ideas es una de sus cualidades más destacadas.
Cuando aún son pequeños ni siquiera son capaces de explicar cómo llegaron de un
punto a otro, o de controlar el “chorro” de ideas que su mente genera. Esto les
puede traer algunos problemas en clase: desde pasar como “graciosillo”, hasta
que les acabe “gustando” ese rol y se dejen llevar por el mismo; o bien que sus
respuestas se evalúen como erróneas porque a los ojos del resto, no parecen
tener gran relación con la pregunta original.
Necesitan que este pensamiento divergente sea valorado y apoyado en el
aula. Pensar de forma divergente, concebir asociaciones rápidas de ideas, es
una cualidad muy valiosa para cualquier pensador. El maestro puede aprovechar
esta “frescura” para añadir debate, reflexión y nueva información en el aula,
lo que será valioso para el resto del alumnado. Por favor, jamás se debe
reprimir esta cualidad, corremos el riesgo de anularla.
“Exceso” de Lógica o Información
El “exceso” de lógica puede llevarles a no responder de la manera esperada.
Algunos niños dejan en blanco la respuesta de un examen por las más variadas
razones: la pregunta no acota bien las opciones; la respuesta es demasiado
fácil u obvia y piensan que hay “truco”; la respuesta que tiene prevista no
encaja con el espacio que el folio del examen propone, y por ello suponen que
su respuesta no es la correcta; conocen datos de nuevas investigaciones que se
contraponen al temario de clase y responden de acuerdo a éstos; o bien
responden haciendo caso a la literalidad de la pregunta., por lo que, aunque su
respuesta es correcta y responde a la pregunta planteada, no es la esperada por
el maestro, o incluso no esta relacionada con el temario.
Es un factor clave ofrecer la oportunidad al alumno de explicar el por qué
ha dejado la respuesta en blanco, o, en su caso por qué respondió algo
diferente a lo esperado. Todo ello nos permitirá una evaluación de su
aprendizaje mucho más real y una comprensión de sus motivaciones, acertada.
Curioso incansable.
Los niños de alta capacidad son muy curiosos, extremadamente curiosos. Lo
preguntan todo, y cada respuesta les sugiere una nueva pregunta. Necesitan
obtener respuestas a sus preguntas, para “calmar su sed”. En una ocasión un
profesor nos comentó que lo que más le sorprendía de estos niños era que cuando
veían un truco de magia, no se sorprendían por el truco en sí, si no por la
curiosidad que les generaba tratar de averiguar cómo era posible realizar este
truco. Para ellos, indagar, analizar, investigar es una necesidad, y, sin ser
conscientes, atropellan a preguntas complejas a todos sus interlocutores.
A menudo el maestro interpreta esta actitud como un afán de protagonismo, o
la necesidad de absorber toda la atención, y, en no pocas ocasiones, les reprimen
preguntar y les instan a dejar que otros participen. Cuando esto no se hace con
la debida sutileza, el niño puede pensar que está haciendo algo malo, que su
actitud merece desaprobación, y entonces se sienten mal por ser como son, por
tener en su cabeza un resorte que les genera todas esas preguntas.
Su curiosidad debe ser algo valorado de forma positiva en el aula, y los
niños deben sentirlo así. Deben sentir que no se reprime su ilusión por
conocer, en la dimensión más amplia del concepto. El maestro es quien debe
acompañar a este alumno y al resto en la clase, pero existen múltiples
estrategias dentro del aula que un buen profesor puede ejercer al tiempo que
canaliza el potencial y los intereses de cada alumno.
Necesitan saber más
Los niños con alta capacidad tienen un ritmo de aprendizaje mayor. Su
capacidad para relacionar ideas, su razonamiento más maduro y su inagotable
curiosidad, les hace absorber ideas y datos a un ritmo que no corresponde a su
edad. Además, sus intereses tampoco son propios para su curso académico.
Estos alumnos necesitan profundizar más en su aprendizaje, no se conforman
con un conocimiento superficial, quieren llegar más allá, saber los por qué, el
origen, los detalles, sacar sus propias conclusiones y entender el concepto en
su conjunto. Necesitan un aprendizaje significativo a la altura de su capacidad
de comprensión y percepción de la realidad.
Sensibilidad, intensidad, perfeccionismo
Estas tres cualidades a menudo distinguen a los niños de alta capacidad.
Son, además, tres cualidades poco entendidas o aceptadas por la sociedad,
especialmente en los niños.
La sensibilidad, generada por esa mayor capacidad para percibir los
detalles, les confiere una mayor percepción del lenguaje no verbal, son capaces
de percibir las intenciones más allá de las acciones, perciben la injusticia,
la falsedad, y la mentira reaccionando a hechos que otros no vemos.
Así, reaccionan con una intensidad que el resto no ve justificada y suele
hacer que sus compañeros, maestros o familiares les vean como niños inmaduros
que rompen a llorar o se enfurruñan por motivos que a los demás se nos antojan
sin importancia. Pero no es una exageración, estos niños son capaces de captar
más detalles y en más profundidad, empatizan con todo, por lo que sus emociones
también son más intensas y dolorosas.
Su perfeccionismo y su alto nivel de auto-exigencia suponen que también
reaccionen con inusitada intensidad ante cualquier error, o ante la frustración
de que algo no sale como ellos han imaginado. Su mente, con frecuencia es capaz
de soñar resultados que sus manos aún no son capaces de reproducir, y esto les
genera impotencia.
Padres y maestros debemos enseñarles a gestionar sus emociones, a superar y
tolerar la frustración y a ver los errores como una oportunidad de aprendizaje
y desarrollo. Y todo ello con la urgente necesidad de sentirse comprendidos. Es
clave no ridiculizarlos por sus reacciones y no permitir que sus compañeros lo
hagan, es necesario como muestra de respeto hacia diversidad social que existe
en nuestro entorno.
La intensidad de sus emociones no va a cambiar pero cuando aprendan a
reconocerlas y gestionarlas, será una maravillosa herramienta vital que les
permitirá avanzar como personas y saber vivir una vida plena en sociedad.
Pasión por aprender.
Son niños capaces de mostrar un alto nivel de intensidad y pasión cuando
encuentran algo de su interés. Con un enorme afán por absorber la máxima
información sobre ese tema que les fascina. Esta pasión puede estar muy alejada
a la del resto de niños de su edad, por lo que, en el aula, el niño no
encuentra con quién comentar sus intereses. Incluso sus compañeros y maestros,
pueden encontrar estos intereses extraños, fuera de lugar.
Esto puede inducir al niño a pensar que debe reprimir sus intereses, aparcar
su pasión, olvidar sus intereses porque se siente “extraño” o “mal” por ser
como es, por tener intereses diferentes al resto de sus compañeros, o a los que
el maestro espera, como si hubiera algo erróneo en él.
Los niños de altas capacidades necesitan compartir su pasión con el aula,
con sus compañeros, y entender que sus intereses son tan válidos como los de
los demás. Es más, sus intereses pueden aportar mucho al grupo y éste puede
enriquecerse con sus descubrimientos. Todos los niños necesitan estimular sus
pasiones, alimentar sus intereses, crecer y desarrollar su aprendizaje. Por lo
que cualquier niño de altas capacidades también necesita que el aula canalice
su pasión y le permita ahondar en ella.
Un nivel de comprensión y un dominio del lenguaje superior al de sus
compañeros.
Esta es una de las características más reconocidas de los niños de altas
capacidades: un alto nivel de razonamiento y un dominio del lenguaje
correspondiente a niños de más edad. Esto conlleva a que en muchas ocasiones el
resto de los niños no les comprendan ni compartan su lenguaje, por lo que les
cuesta conectar, y los demás niños les rechazan o huyen porque no suelen
entendernos.
También sucede en ocasiones que sean niños muy habladores y no permitan a
los demás participar, por lo que los demás niños les catalogan de acaparadores
o dominantes y les excluyen de sus juegos. Esta situación, unida a su
sensibilidad e intensidad genera en el niño un sentimiento de aislamiento muy
doloroso.
Es muy común que los niños de altas capacidades necesiten relacionarse con
niños de más edad, con quienes compartan intereses, vocabulario, razonamiento y
aficiones. Pero esto tampoco es fácil con una educación fragmentada por edades
cronológicas, ya que algunos niños mayores les preocupa la “imagen” que pueden
dar al resto por jugar con niños más pequeños.
Respuestas Creativas
Estos niños a menudo resuelven los problemas a su manera, siguiendo su
propio proceso lógico y de reflexión, de una forma inusual o distinta a la
esperada por el profesor, que puede interpretarlo como un desafío, una falta de
respeto, o un intento de destacar, sobre todo cuando el niño se va haciendo
mayor. Si el maestro opta por reprimir esta actitud, exigiendo que el niño se
limite a los métodos de respuesta explicados en el aula el niño se sentirá
cuestionado y reaccionará con rebeldía. No entiende la reacción del maestro, su
lógica se impone y lo percibe como una verdadera injusticia.
Necesitan que se valore su creatividad. La capacidad de dar repuestas
distintas, es un valor en alza que debe ser trabajado, fomentado, estimulado y
valorado en la escuela. Los niños de alta capacidad, pueden ayudar a marcar el
camino y arrastrar al resto de sus compañeros en el fascinante ejercicio de
buscar siempre caminos alternativos. Una cualidad que el maestro debería saber
gestionar en beneficio de la clase.
Agilidad de pensamiento.
Los niños de altas capacidades a menudo se aburren con las rutinas y las
repeticiones habituales en el aula, por lo que suelen no completarlas. O no
prestan la suficiente atención a la pregunta y responden de acuerdo a lo que
“su cerebro ha supuesto que le están preguntando”, en una lectura “demasiado
rápida”. Pierden la concentración cuando hacen ejercicios que no les suponen
ningún reto, por ser demasiado fáciles o repetitivos, y se distraen, e incluso
distraen a sus compañeros. Fallan en la preguntas fáciles o repetitivas, sin
embargo no tienen problemas con los contenidos más complejos.
El maestro suele pensar que son niños con problemas de atención o de
comportamiento, vagos y poco implicados con su aprendizaje. Nada más lejos de
la realidad, estos niños necesita ser retados y estimulados en la escuela. Su
rapidez y velocidad de procesamiento exige un esfuerzo mayor a las tareas
rutinarias y repetitivas de las clases.
Por ello, los maestros deben facilitar alternativas atractivas a estos
niños en clase, para que así estén atentos y dispuestos al aprendizaje dentro
del aula. Necesitan tareas que les supongan un reto intelectual, que les
suponga un verdadero aprendizaje y que éste sea significativo para ellos.
Necesitan poder avanzar a su ritmo y evitar las repeticiones de tareas que para
ellos no tienen sentido.
Altos niveles de energía
Los niños de altas capacidades pueden distraerse con facilidad con
cualquier tema nuevo que sea de su interés, y ”olvidar” intereses anteriores o
trabajos inacabados. Incluso pueden interrumpir la clase con ideas nuevas que
les surgen y “atropellan” su cabeza. Esta energía les hace avanzar en su
aprendizaje, pero también les distrae de acabar sus deberes o exámenes, por lo
que no es raro que intentando resolver sus deberes, acaben investigando temas
que ya nada tienen que ver, y esto deja sus tareas sin acabar.
El niño puede acabar agotado intentado llevar a cabo tantos proyectos,
investigando tantas materias, explorando tanta información. En numerosas
ocasiones esto se confunde con el TDAH y acaban siendo medicados
erróneamente.
Esta cualidad, agotadora para padres y maestros, debe ser entendida y
comprendida por los adultos pues conlleva múltiples beneficios para el niño,
por lo que es fundamental ayudar al niño a canalizar su fantástica energía en
la resolución de tareas, sin reprimir sus ansias por explorar y llevar su
aprendizaje más allá de lo exigido.
Gran poder de concentración.
Los niños de altas capacidades, en general, pueden concentrarse en algo que
les apasiona por mucho tiempo, pueden perderse en los detalles, y, con ello,
perder la noción del tiempo. De nuevo, su trabajo se ve afectado: no entregan
sus deberes a tiempo, no terminan sus exámenes por entretenerse demasiado en
alguna pregunta, se enfrascan en un punto y obvian todo lo demás, etc.
Esta situación puede provocar que sus notas no sean buenas, con la
consecuente frustración para el niño, su familia y sus maestros.
Por ello, necesitan aprender a gestionar el tiempo, conectar con sus
tareas, centrarse en lo práctico, en lo inmediato y terrenal. Es esencial
mostrarles que , a pesar del lado positivo de esa pasión por aprender, la vida
también conlleva ciertas obligaciones más “mundanas” que hay que atender para
llevar a cabo sus objetivos de largo plazo.
Reflexiones de adulto.
Resulta fascinante, y a menudo, sonrojante, para los adultos observar las
reflexiones de “adulto” de los niños de altas capacidades cuando todavía no han
desarrollado las habilidades sociales que les permiten tener cierto “tacto” en
sus comentarios o calibrar lo adecuado de un comentario en un momento dado. A
menudo pueden ser considerados niños rudos o descarados.
Es obvio que es conveniente aprender habilidades sociales y entender que
las relaciones no se rigen por valores de lógica o equidad, sino por una red de
sutilezas y jerarquías que hay que respetar. Algunos niños de altas capacidades
poseen esta inteligencia social “de serie”, pero en otros casos no. Por ello,
es fundamental trabajarla en casa y en la escuela, pues padres y maestros somos
los modelos de comportamiento de estos niños, y es en nosotros en quien se
fijan. Mostrarnos cuidadosos y respetuosos con nuestros semejantes (ancianos,
adultos y niños) les permitirá comportarse, por simple imitación, con
inteligencia social.
Combinan fortalezas y debilidades
Muchos niños de alta capacidad presentan disincronías. Pueden presentar
problemas para la escritura, la psicomotricidad fina, el cálculo mental, la
expresión verbal, la organización de ideas o incluso dificultades de
aprendizaje como dislexia, discalculia u otras. Su desarrollo no es homogéneo
en todas las áreas. Sus fortalezas principales son la asociación de ideas, el
razonamiento lógico y perceptivo y el pensamiento divergente. Sin embargo a
menudo se juzga su “inteligencia” por su rapidez en el cálculo mental o su
verborrea verbal y escrita.
Necesitan ser valorados por aquello en lo que realmente destacan de forma
individual y sin hacer generalizaciones. Muchos estudian demuestran que las
diferencias entre los niños de alta capacidad son más pronunciadas que las que
se pueden encontrar en otros grupos de referencia. Por eso, entenderles en su
individualidad se hace imprescindible. Trabajar sus debilidades para lograr un
desarrollo más armónico y equilibrado es una obligación de educadores y padres
para permitir que sus fortalezas no se vean frenadas y puedan ser desarrolladas
al máximo de su potencial.
¿Puede todo esto integrarse en el aula?
No sólo puede, si no que debe. Creemos en una escuela inclusiva
donde ésta dé cabida y desarrolle todas las formas y maneras de aprendizaje,
todas las diferencias, todas las capacidades.
Actualmente los últimos estudios internacionales señala que entre un 10 y
un 15% de niños tiene alta capacidad en una o más áreas. Dar la espalda a sus
peculiaridades, a sus diferencias, no sólo es una traición al concepto de
“escuela inclusiva”, sino que supone fallarle a un porcentaje importante de
alumnos que también necesitan de la profesionalidad y adecuada formación del
profesorado para desarrollar su autoconcepto, sus habilidades innatas y
alcanzar el máximo desarrollo académico y competencial que todo estudiante
merece. Desarrollar el propio potencial es, así insiste la psicología,
ingrediente básico de un crecimiento sano y feliz.
Desde luego que integrar distintos ritmos no es posible en un modelo
tradicional, donde el maestro explica la lección y los niños la reciben,
asimilándola en mayor o menor medida. Un modelo donde los deberes son fichas de
repetición de ejercicios que sólo llevan a la memorización de palabras y
automatización de procesos, pero no a su interiorización mediante la experimentación,
la reflexión y la emoción, que es como sucede el verdadero aprendizaje .
El auténtico aprendizaje sí es posible cuando el alumno toma las riendas de
su instrucción, participa de ésta y es su protagonista. Cuando el maestro es capaz de acompañar y
proponer ejercicios multinivel donde cada niño puede expresarse de un modo
diferente y también profundizar en la materia tanto como desee. Así, cuando las
asignaturas se interrelacionan dando lugar a un aprendizaje holístico sin
barreras artificiales, cuando el debate en el aula y la oportunidad que se da a
cada alumno por exponer y compartir sus conocimientos con el resto de sus
compañeros se convierte en la verdadera rutina, cuando el aula deja de ser un
auditorio, será en ese momento cuando, por fin, conseguiremos que el aula sea
una comunidad de aprendizaje para todos los alumnos. Y entonces, sí, tendremos
la escuela inclusiva en mayúsculas.